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domingo, 3 de diciembre de 2017
jueves, 10 de diciembre de 2015
Tercer Domingo de Adviento
TERCER
DOMINGO DE ADVIENTO - Jesús
es el motivo de nuestra alegría
Este Domingo 13, se celebrá el Tercer Domingo de Adviento. Al respecto, la
iglesia siempre ha llamado a este tercer domingo, el Domingo de la
Alegría o “Gaudete” y se debe a que toda la celebración nos anuncia a
Jesucristo como la causa de nuestra alegría. Ya la misma antífona de entrada
nos lo anuncia, “estad alegres en el Señor; os lo repito estad alegres. El
Señor esta cerca” Isaías anuncia: “se alegrará el páramo y la estepa”. El
adviento nos trae la Buena Nueva de la salvación, nos trae a Jesús. La palabra
de Dios al iniciar la cuaresma habla sobre “el tiempo de gracia, el día de
salvación (2 Co 6,2). Y el adviento nos muestra que es Jesús el verdadero
esperado de los tiempos y que es la promesa cumplida. La salvación se obra para
bien del hombre; “los cojos andan, los ciegos ve, los sordos oyen” es el
cumplimiento de la profecía de Isaías.
Más
no nos podemos quedar en una alegría para gozar internamente sino que nuestra
labor es el anuncio, franco y directo: Dios es nuestra fortaleza. ¡Tened valor!
Nuestra
alegría se debe volver testimonio. No sin razón estas fiestas de navidad, que
ya se acerca, nos invitan a ser personas abiertas y contagiadas de amor
fraterno. Pero no de un amor fraterno muy altruista sino de un amor que
concreta y hace real el amor de Dios. ¿Eres tú?… o, ¿hay que esperar a otro?...
Jesús responde con su obrar. La felicidad que nos trae celebrar nuevamente la
navidad se debe reflejar en obras concretas, reflejo de Cristo, nuestro
salvador, en nuestra vida, en medio de nosotros.
Los
ciegos ven, los cojos andan...Nos están tocando vivir horas graves y profundos
problemas a nivel nacional e internacional y puede ser que nos embargue la
lamentación fácil, la pereza ante una impotencia ficticia. Necesitamos apostar
por una atmósfera de diálogo, de creatividad y una voluntad sincera de profundizar
en los verdaderos problemas que nos rodean a la humanidad. Los creyentes no
podemos inhibirnos y permanecer pasivos, la fe no nos aporta soluciones
técnicas a nuestros problemas pero nos da un amor apasionado por la justicia,
por la paz; nos da libertad de espíritu para buscar honradamente la verdad, nos
da un deseo eficaz de concordia, nos da un anhelo sincero del bien. El
evangelio que nos alimenta en el tercer domingo de adviento, nos ofrece la
buena noticia de la fuerza liberadora de la persona de Jesús; al encontrarse
con Él la realidad humana tan doliente y atropellada es transformada y se
convierte en agente de transformación.
Aunque
la noche pueda parecer muy oscura y el mar muy bravo, aunque las dificultades
parezcan ahogar nuestro anhelo de cambiar hay algo que mantiene viva la
esperanza y alegra nuestro corazón: Es la certeza y la confianza de que en el
horizonte siempre está esa luz que nos marca el camino; que al final Dios nunca
nos defrauda porque la luz que nos orienta es Él mismo, porque su promesa es Él
mismo.
La
causa de nuestra alegría es que al final no nos espera un puerto más, una
promesa más, sino Dios mismo, el cumplimiento definitivo de la promesa.
El
Evangelio es el anuncio de una inmensa alegría. Esta alegría –y también la conversión
a que se invitaba el domingo anterior– ha de ser fermento de un nuevo mundo, de
un nuevo orden que relucirá por la transformación de la sociedad, del sistema,
donde los últimos serán los primeros, los cojos andarán, los ciegos verán... y
a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Buena Noticia para todos, porque
todos somos “pobres”.
Un
misterio de alegría. Se acabaron las caras tristes, las celebraciones “serias”
y rutinarias. La fe es una fiesta. Que se viva. Que se nos note. Que nuestra alegría
no sea “light” o falsificada. La verdadera alegría no se compra en nuestros
mercados, ni se encuentra en nuestras salas de fiesta. Es un dar. Brota de
dentro. Pero eso sólo puede ser si nosotros colaboramos en dicha
transformación, los cambios no se dan por sí solos; los milagros son los que
Dios hace a través de nuestros corazones y nuestras manos.
¿Con qué talante voy por la vida?
¿Cómo es mi navegar? ¿Cuál es la raíz de mi felicidad, de mi alegría?
¿Hasta qué punto soy fermento transformador de la sociedad?
En
el gozo por la espera del Salvador y por ser testigos de su Buena Nueva,
encendamos nuestra tercera vela de la Corona de adviento. Dios los bendiga queridos hermanos.
Segunda Semana de Adviento - ¿Como vives este tiempo?
Segunda Semana de Adviento - ¿Con
que actitudes se vive este tiempo de adviento?
Adviento quiere decir Dios que
viene, porque quiere que «todos los hombres sean salvos y vengan al
conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4). Y esa salvación nos invita a todos a
una preparación penitencial. Si Jesús viene para salvarnos, nosotros debemos
reconocer que nos hemos alejado de su presencia y debemos volver nuestros ojos
hacia él. Por eso una de las actitudes propias de este tiempo es la conversión,
y esta fue también nota predominante de la predicación de Juan Bautista. Ya en
ésta segunda semana, la liturgia nos lleva a reflexionar con la exhortación del
profeta Juan Bautista: "Preparen el
camino, Jesús llega"
Juan el Bautista y María son los
dos grandes ejemplos de una espiritualidad como nos la pide el Adviento. Por
eso, dominan la liturgia de ese período. ¡Fijémonos en Juan el Bautista! Está
ante nosotros exigiendo y dando testimonio, ejerciendo, pues, ejemplarmente la
tarea encomendada como precursor del Salvador. Él es el que llama con todo
rigor a la conversión, a transformar nuestro modo de pensar. Quien quiera ser
cristiano debe “cambiar” continuamente sus pensamientos. Nuestro punto de vista
natural es, desde luego, querer afirmarnos siempre a nosotros mismos, pagar con
la misma moneda, ponernos siempre en el centro. Quien quiera encontrar a Dios
tiene que convertirse interiormente una y otra vez, caminar en la dirección
divina. Es preciso convertirse, transformarse interiormente, vencer la ilusión
de lo aparente y hacerse sensible, afinar el oído y el espíritu para percibir lo
verdadero. El llamado del Bautista a la conversión es una dar una nueva
dirección a vuestra mente, disponerla para percibir la presencia de Dios en el
mundo, cambiar vuestro modo de pensar, considerar que Dios se hará presente en
el mundo en medio de nosotros y por vosotros. Ni siquiera Juan el Bautista fue
ajeno al difícil acontecimiento de transformar su pensamiento, de convertirse.
¡Cuán cierto es que éste es también el destino de cada fiel cristiano que
anuncia a Cristo, al que conocemos y no conocemos!
Por esta razón es necesaria una
preparación interior, es necesaria la conversión. Convertirse es siempre
volverse de... para volverse a Jesús como Salvador, para tener salvación y Vida
Nueva. Es un camino en el que hay que dar un giro de regreso por estar yendo en
la dirección incorrecta; darse cuenta del error, decidirse a dar media vuelta y
dirigirse después en dirección correcta. Es dejar morir al hombre viejo, al
pecado, a la carne; y caminar y ascender hasta la total transformación en
Jesús.
La conversión es un ejercicio
permanente en la vida del cristiano. Es, no sólo salir del pozo abismal de la
oscuridad y caminar a pleno día en el llano, sino que es ir muriendo cada vez
más, subir, seguir dando pasos, no quedarse estancado o instalado; la meta es
la cima de la montaña: ser otro Cristo.
Preguntémonos, ¿qué tanto he
subido y acrecentado mi fe, o sigo en el llano?; conversión es caminar y salir
de, para ir hacia: del grado uno al grado dos, del dos al diez, del diez al
veinte, y no termina nunca. Lo podremos hacer sólo en apertura y docilidad al
Espíritu.
"Preparen
el camino, Jesús llega"
y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con
Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean;
como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la
Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos
perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela de la Corona de Adviento,
como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.
Durante esta Segunda Semana de
Adviento, puedes buscar la confesión, para que cuando llegue la Navidad, estés
bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la
Eucaristía.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
sábado, 28 de noviembre de 2009
Este Domingo 28 de Noviembre, se da inicio al Adviento; fecha en la que empezamos a prepararnos para el nacimiento de Jesús, nacimiento de la esperanza; pero, para poder entender mejor, a continuación se dan algunos detalles sobre su significado:
I.- El Adviento
(latín: adventus Redemptoris, 'venida del Redentor' ), es el primer periodo del año litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo de preparación para el nacimiento del Salvador. Su duración es de 21 a 28 días, dado que se celebran los cuatro domingos más próximos a la festividad de Navidad.Marca el inicio del año litúrgico en casi todas las confesiones cristianas. Durante este periodo los feligreses se preparan para celebrar la conmemoración del nacimiento de Jesucristo y para renovar la esperanza en la segunda Venida de Cristo Jesús.Durante el adviento, se prepara en cada hogar (no sólo en la Iglesia) una corona de ramas de pino, llamada "Corona de Adviento" que consta de cuatro velas, una por cada Domingo de adviento.
Hay una pequeña tradición de Adviento: a cada una de esas cuatro velas se le asigna una virtud que hay que mejorar en esa semana, por ejemplo: la primera, el amor; la segunda, la paz; la tercera, la tolerancia y la cuarta, la fe.Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación; la corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.
II.- Tiempo de Adviento
El Tiempo de Adviento: El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico y empieza el Domingo siguiente de la fiesta de Cristo Rey, próximo al 2 de diciembre.Término: Adviento viene de adventus, venida, llegada, termina el 24 de diciembre por la mañana. Forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.Color: En este tiempo se utiliza el color morado.Sentido: El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.
Duración: 4 semanasPartes: Se puede hablar de dos partes del Adviento:Desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos; desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana de Nochebuena", y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo, la Navidad.
III.- Origen
La Corona de Adviento, es uno de los símbolos de este tiempo litúrgico; tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas; partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica.
IV.- Simbolos
La corona está formada por una gran variedad de símbolos:
1) La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.
2) Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.
3) Las cuatro velas: Nos hace pensar en la oscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas de la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia. Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.
4) El listón rojo: representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.
Hermanos, preparemonos y vivamos el Adviento, con fe, esperanza y caridad, que sea tiempo de reflexión, de cambios, de perdón, de solidaridad y unidad, son los deseos de ... "Mundo Nazareno"
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